Érase que se era una muchacha que no padecía híper hidrosis. De hecho, era bastante moderada en ese aspecto y gozaba de una relación especial con su ducha.
Bueno, pues érase esta muchacha que pilló un trancazo. Y como toda buena gripe, le dio un poco de fiebre (38.5ºC todavía se considera un poco, ¿no?). Aparte de averiguar cómo se llama el equivalente francés del Frenadol (y descubrir con pesar que es bastante más suave pero da muuuuucho más sueño al no tener cafeína), nuestra joven protagonista hizo otro descubrimiento muy del estilo de la princesa del guisante.
¡¡¡ODIO LOS PROTECTORES DE COLCHÓN!!!
¿He dicho odio? Si es una muchacha anónima.
Veamos, igual no odiaba todos los protectores de colchón. Sólo el que había heredado de los dueños del piso. Ese protector que dejó puesto pensando que no molestaría. Claro, hasta que se despertó en un charco.
Porque señores, un protector de colchón tiene una capa de plástico que aisla el colchón de las sábanas. Y claro, no transpira. NADA. Y si estás con fiebre, el resultado natural es despertarse en un charco. Tiritando, para más señas. Y no mola nada.
Que yo entiendo que el colchón haya que protegerlo de personas con incontinencia, de chicas que no controlen demasiado su período o similares. Pero si uno se ducha regularmente, el sudor nocturno tiene pocas toxinas y basta con orear el colchón regularmente y mantener una higieneen la ropa de cama para que esto no sea un problema.
Así que la muchachilla hizo desaparecer el protector en el altillo del armario, donde aguardará presto a volver a su ubicación inicial cuando toque la siguiente mudanza.
Vamos, que no vuelvo yo a dormir con un protector de esos EVER. Icks.




