lunes, 25 de abril de 2011

La muchacha, la fiebre y el protector del colchón

Tengo que subir las fotitos de Carcassonne, a ver si mañana que es fiesta. Mientras os dejo esta anecdotilla.

Érase que se era una muchacha que no padecía híper hidrosis. De hecho, era bastante moderada en ese aspecto y gozaba de una relación especial con su ducha.

Bueno, pues érase esta muchacha que pilló un trancazo. Y como toda buena gripe, le dio un poco de fiebre (38.5ºC todavía se considera un poco, ¿no?). Aparte de averiguar cómo se llama el equivalente francés del Frenadol (y descubrir con pesar que es bastante más suave pero da muuuuucho más sueño al no tener cafeína), nuestra joven protagonista hizo otro descubrimiento muy del estilo de la princesa del guisante.

¡¡¡ODIO LOS PROTECTORES DE COLCHÓN!!!
¿He dicho odio? Si es una muchacha anónima.

Veamos, igual no odiaba todos los protectores de colchón. Sólo el que había heredado de los dueños del piso. Ese protector que dejó puesto pensando que no molestaría. Claro, hasta que se despertó en un charco.

Porque señores, un protector de colchón tiene una capa de plástico que aisla el colchón de las sábanas. Y claro, no transpira. NADA. Y si estás con fiebre, el resultado natural es despertarse en un charco. Tiritando, para más señas. Y no mola nada.

Que yo entiendo que el colchón haya que protegerlo de personas con incontinencia, de chicas que no controlen demasiado su período o similares. Pero si uno se ducha regularmente, el sudor nocturno tiene pocas toxinas y basta con orear el colchón regularmente y mantener una higieneen la ropa de cama para que esto no sea un problema.

Así que la muchachilla hizo desaparecer el protector en el altillo del armario, donde aguardará presto a volver a su ubicación inicial cuando toque la siguiente mudanza.

Vamos, que no vuelvo yo a dormir con un protector de esos EVER. Icks.

viernes, 15 de abril de 2011

Volviendo a casa

Tengo libertad de horarios. Lo que mola un montón salvo por el hecho de que normalmente le echo muchas más horas de las que debería. Que sí, que también pierdo el tiempo con tonterías y hay días de productividad nula, pero...

Bueno, que me voy. Hoy quería contar la historia de mis regresos a casa. O bueno, en realidad, de una peculiaridad de los tolosanos, que hacen que el regreso a casa sea... curioso.

Veamos, si salgo a una hora más o menos razonable, el sol está poniéndose por el Oeste. Y yo cojo la periphérique justo en dirección Oeste.


Y diréis, "¡Pues vaya cosa!"

Efectivamente, eso mismo pensaba yo. Te colocas bien el parasol, te sientas erguido en el asiento [1] del coche y, si hace falta, gafas de sol al canto y listo. [2]

Listo, juas.

En ese recorrido hay tres zonas problemáticas:





En una circunvalación en la que la máxima es 90km/h, mis compañeros de fatigas al volante deciden frenar de repente a 20km/h cuando les da el sol de frente [3]. Que sí, que entiendo que la primera vez que te sucede, puedes frenar por instinto, pero joder, que atardece TODOS los días. ¡Y más o menos a la misma hora! ¡Albricias!

Y sí, sé que llevar el cristal sucio no ayuda a mejorar la visibilidad... ¡¡Pero rociar a todos los coches de alrededor con tu limpiaparabrisas, tampoco!!

El resultado es que se forman mini atascos en esas zonas. Y he visto más de un alcance [4]. Que tampoco es nada grave, pero cada día que lo veo llego siempre a la misma conclusión:

¡¡Estos tolosanos no podrían sobrevivir en España al volante!!

[1] En lugar de dejarse caer, derrumbarse en él después de todo el día currando.
[2] Y a disfrutar de las vistas, claro. Del sol inundándolo todo con luz amarilla, salir de un puente y sentir como si te estuvieses bañando en la luz del atardecer... Súper bonito, en serio.
[3] La primera vez que me pegaron un frenazo pensé que había pasado algo. La segunda caí en la cuenta de que era por el sol. ¡Fue una revelación!
[4] No, a mí no me ha pasado nada; después del primer día, voy con mil ojos y como ya sé qué zonas son las problemáticas y qué horas las más complicadas, es fácil evitar problemas.

domingo, 3 de abril de 2011

Dos recetillas y una actualización telegráfica del estado de las cosas

Primero la actualización telegráfica.

Sigo viva. STOP. El Jabato Negro regresó sano y salvo. STOP. Mucho curro pero muy guay. STOP. Algunos viajes en perspectiva. STOP. Gripazo superado. STOP. Primeramente confundido con alergia. STOP. Sigo siendo igual de desastre. STOP. Perdón por no haber escrito antes. STOP.

Y las recetas, muy brevemente.

Muffins de fresa
Ingredientes:
  • 375g de harina
  • 3 huevos
  • 125g de mantequilla fundida
  • 400g de azúcar
  • 250g de yogur natural
  • Ralladura de un limón
  • 1 cucharadita de levadura
  • 1/2 cucharadita de sal
  • 500g aprox. de fresas picadas en cubitos
Preparación:
  1. Precalentar el horno a 190ºC.
  2. Mezclar la harina con la sal y la levadura. Reservar
  3. Frotar el azúcar con la ralladura. Añadir los huevos y batir hasta duplicar en volumen.
  4. Añadir la mantequilla en hilo fino sin dejar de batir.
  5. Incorporar sin batir 1/3 de la harina.
  6. Añadir la mitad del yogur.
  7. Incorporar otro 1/3 de la mezcla de harina.
  8. Añadir el resto del yogur.
  9. Al incorporar el resto de la harina, añadir también las fresas.
  10. Verter en los pocitos, espolvorear con azúcar y hornear unos 20 minutos, hasta que estén dorados, esponjosos y al pincharlos con un palillo, éste salga limpio.
Híbrido de madeleines y magdalenas, de limón con aceite de oliva
Ingredientes:
  • 80g de harina
  • 2 huevos
  • 80g de aceite de oliva virgen extra de sabor afrutado
  • 150g de azúcar
  • Ralladura de dos limones
  • Zumo de 1 o 2 limones
  • 1 cucharadita de levadura
  • 1/2 cucharadita de sal




Preparación:
  1. Nota previa: Estas magdalenas se hornean después de 12h de refrigeración en la nevera. Son ideales para preparar un sábado para hornear el domingo recién despiertos.
  2. Mezclar la harina con la sal y la levadura. Reservar
  3. Frotar el azúcar con la ralladura. Añadir los huevos y batir hasta triplicar en volumen.
  4. Añadir el aceite y el zumo de limón en hilo fino sin dejar de batir.
  5. Incorporar sin batir la harina.
  6. Tapar con film transparente y dejar reposar en la nevera toda la noche o hasta 3 días.
  7. Precalentar el horno a 205ºC
  8. Verter la masa en los pocitos. Después de toda la noche tendrá una textura esponjosa, como de mousse. No batir bajo ningún concepto.
  9. Espolvorear con un poco de azúcar.
  10. Hornear unos 15 minutos, hasta que estén doradas, esponjosas y al pincharlas con un palillo, éste salga limpio.
  11. Nota final: estas magdalenas de van resecando con el paso de los días si se dejan al aire, pero aguantan tiernas sin problemas tres-cuatro días. Si van a durar más tiempo, mejor envolverlas individualmente en film transparente.