El caso es que ayer (jueves) dejé mi coche perfectamente aparcado, con el lado derecho pegado a la acera. ¿Y qué me encuentro esta mañana?
Ajá. Alguien muy amable se ha empotrado esta noche contra mi pobrecito jabato negro y me lo ha desgraciado. Un poco. Se han llevado un trocito de jabato. ¿Lo habrán confundido con un jamón?
Cuando lo he visto, he pensado que bueno, que igual la reparación me salía, no sé, por unos 300 o 400 euros. Y he llamado a la mutua, al taller oficial de Mazda y lo he dejado estar a la espera de que lo vieran.
Sí, claro. 300 o 400. ¡¡Qué más quisiera yo!!
2167,59
Dos mil ciento sesenta y siete euros con cincuenta y nueve céntimos.
Así que he vuelto a llamar a la mutua y parece que lo van a repatriar [1] para repararlo. ¿Qué significa eso? Aún no lo sé exactamente. No sé si vendrán a recogerlo y luego iré yo a recogerlo. Si lo llevaré yo misma y lo recogeré yo misma o qué. Pero bueno, ya tengo un taller concertado con la mutua (al ladito de Figueres) y si hace falta, gastaré un par de días de vacaciones (de esos 46 días que tengo), en llevarlo y traerlo. Y bueno, claro, si voy, ya me pasaría el día por allí, qué menos.
Habrá una segunda parte cuando esté todo arreglado. De momento, me voy a rellenar el parte. Uff.
PS: Lo estoy viendo, el lunes no me podrán poner internet. Si la siguiente semana me caigo, o me roban, o me cortan la luz, el gas o el agua, tendré que asumir que Murphy no quiere que viva en Toulouse. Lo que pasa es que Murphy no va a poder conmigo. ¿Me oyes, Murphy? ¡No me vas a ganar a cabezota! Te vas a cansar tú antes que yo, te lo digo.


